Reseña: La muerte del comendador

Título: La muerte del comendador.
Autor: Haruki Murakami.
Genero: Realismo mágico.
Saga: –.
Páginas: 736.
Fecha de publicación: 24 de febrero de 2017.
Sinopsis: «En plena crisis de pareja, un retratista de cierto prestigio abandona Tokio en dirección al norte de Japón. Confuso, sumido en sus recuerdos, deambula por el país hasta que, finalmente, un amigo le ofrece instalarse en una pequeña casa aislada, rodeada de bosques, que pertenece a su padre, un pintor famoso.
En suma, un lugar donde retirarse durante un tiempo. En esa casa de paredes vacías, tras oír extraños ruidos, el protagonista descubre en un desván lo que parece un cuadro, envuelto y con una etiqueta en la que se lee: «La muerte del comendador». Cuando se decida a desenvolverlo se abrirá ante él un extraño mundo donde la ópera Don Giovanni de Mozart, el encargo de un retrato, una tímida adolescente y, por supuesto, un comendador, sembrarán de incógnitas su vida, hasta hace poco anodina y rutinaria.»

«En ese momento no imaginé en absoluto que aquella persona acabaría entrando en mi vida y cambiándola por completo.»

Luego de un tiempo sin leer a Murakami decidí que era hora de volver a la carga con otra de sus grandes novelas de realismo mágico. Esta vez es un libro que puede incluso tener algunos tintes de thriller lo que logra demostrar la versatilidad del autor para adaptarse a diferentes géneros y situaciones.

La muerte del comendador es un libro que originalmente se publicó en dos tomos y que en nuestro idioma sigue esta misma tradición. Sin embargo es importante resaltar que esta es una única novela de principio a fin y que al terminar el primer tomo no van a llegar a un final convincente, será necesario leer el segundo para entender la totalidad de la novela. Es por esto que esta reseña va a abarcar los dos volúmenes y si bien voy a intentar no hacer spoilers del libro en su globalidad, si es posible que haga spoilers del primer tomo.

El protagonista de este libro es un hombre de 36 años que se gana la vida realizando retratos para grandes empresarios. Estas pinturas son meras ilustraciones de lo que se ve y no tienen ningún valor artístico para el pintor, lo que hace que poco a poco se empiece a sentir desanimado con este tipo de trabajo. Es también en este momento que descubrirá que su esposa lo quiere dejar por otro hombre, ella estaba acostándose con este otro hombre desde hace un tiempo y ahora se terminó de convencer que no quiere seguir casada con el protagonista.

«Qué maravilloso sería poder posponer eternamente algunas decisiones.»

Sólo y pasando una crisis personal en todos los aspectos (desde lo laboral a lo sentimental) decide empezar a viajar en auto por diferentes lugares de Japón. En uno de estos viajes encuentra una mujer que parece ser perseguida por un hombre apodará como «El hombre del Subaru Forester blanco» y en este encuentro terminará teniendo una noche de sexo salvaje con la mujer en un hotel cercano. Al otro día descubrirá que el hombre del Subaru Forester lo está mirando y por alguna razón el protagonista estará convencido de que el hombre sabe todo lo que pasó en esa habitación de hotel la noche anterior.

Luego el viaje del protagonista tendrá un abrupto final cuando su auto se descomponga y tenga que encontrar un lugar para asentarse. Gracias al contacto de uno de sus amigos, conseguirá la oportunidad de vivir en una casa grande que perteneció al padre de este amigo (Tomohiko Amada). Amada era un renombrado artista que vivió en Viena durante la época previa a la segunda guerra mundial pero que sin explicación alguna volvió a Japón y cambió su estilo para centrarse en el arte tradicional japonés.

Como cualquier artista viviendo en la casa de un maestro de la pintura, el protagonista empieza a explorar las habitaciones y termina encontrando una pintura escondida en el ático. Esta pintura se llama La muerte del comendador y parecería ser la mejor pintura alguna vez hecha por Amada. En ella podemos ver la escena de la ópera Don Giovanni (de Mozart) donde Don Giovanni mata al Comendador frente a los ojos de su hija Dona Anna. Sin embargo la escena no pasa exactamente igual que en la ópera de Mozart sino que también se encuentra Don Ottavio (prometido de Anna) y una misteriosa cara, similar a un demonio, que sale del suelo para ver la escena. Por último en la versión de Amada los personajes tienen ropas del periodo Asuka de Japón y no la típica vestimenta europea que uno esperaría de una obra de Mozart.

«Mientras la tenía entre mis brazos, me olvidaba de las preguntas, de las dudas, de la inquietud que me carcomía.»

Sin embargo este cuadro no es lo único extraño que entra en la vida de nuestro protagonista. Al poco tiempo descubrirá que uno de sus vecinos es un hombre de mucho dinero llamado Wataru Menshiki. Menshiki parece ser un grán fanático de la obra del protagonista, algo un poco extraño porque él sólo pintó retratos empresariales que suelen estar en las oficinas de los gerentes que lo contrataron. No es un pintor que su obra se expone en galerías y que la gente pueda ver sin tener ciertos privilegios especiales. Esto, mezclado con la insistencia de Menshiki, hace que el protagonista se dé a conocer al hombre y acepte pintarlo. La condición de Menshiki es que el artista debe pintar con el estilo que él quiera y que se deje respirar libremente, algo a lo que no está acostumbrado. Esto inspira al artista a hacer algo nuevo y además a pintar un cuadro sobre el hombre del Subaru Forester.

El contacto con su vecino hace que el protagonista y Menshiki se empiezan a volver amigos. Un día el protagonista empezará a escuchar una misteriosa campana que suena el bosque y con la ayuda de Menshiki empezará a buscar el lugar del que salen los sonidos. Esta búsqueda lo llevará a un misterioso pozo en el medio del bosque que está tapado con grandes piedras. Para moverlas Menshiki contrata a una cuadrilla de construcción y tras moverlas ambos encuentran una misteriosa campana enterrada en el pozo. Estas campanas eran utilizadas por monjes budistas que rezaban y pasaban por una especie de abstinencia extrema que los terminaba momificado naturalmente. Sin embargo dentro del pozo no había ninguna momia y sólo estaba la misteriosa campana, un objeto que el protagonista decide llevarse a su casa.

El problema es que cuando se saca la campana del pozo, la campana sigue sonando. Algo que nuestro protagonista descubrirá que fue a causa de que una idea, que tomó la forma del comendador del cuadro, la estaba tocando con tal de llamar su atención y poder hablar con él. Mientras tanto el protagonista conoce un poco más a Menshiki y descubre que el hombre tuvo una relación con una mujer y que supuestamente tiene una hija que no sabe que es su hija. Con esta extraña situación Menshiki le pide al protagonista que le haga un retrato a esta niña (que por pura casualidad es alumna del protagonista en su clase de arte).

“En este mundo existen los malentendidos. Muchos de ellos superan nuestra imaginación”.

Con esta nueva situación veremos cómo el protagonista va conociendo más sobre el misterioso Menshiki, la joven Mariye (que además de ser la hija perdida de Menshiki tiene una pequeña obsesión con el tamaño de sus pechos) y sobre el misterioso comendador en miniatura que se escapó del cuadro para entablar una relación de amistad con el protagonista y llevarlo a un mundo extraño y misterioso.

La muerte del comendador es un libro complejo, con muchos personajes y muchas pequeñas tramas y detalles que se van entretejiendo para crear un entramado de lo más complejo. Este entramado va guiado por la maestra pluma del autor que nos va llevando por un mágico y misterioso viaje, donde no sólo descubriremos muchos de los secretos del misterioso Menshiki sino también del mismo Tomohiko Amada y las razones que llevaron al pintor a crear una obra tan enigmática como La muerte del comendador.

Este es un libro donde vemos lo mejor de Murakami y donde es muy fácil dejarse llevar por su narrativa y su habilidad para hacernos llegar poco a poco a un mundo mágico y surrealista. Si les gusta el autor creo que es un libro ideal para seguir conociendo más partes de su obra pero no lo recomendaría como punto de arranque debido a su complejidad.

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