Reseña: El gran robo del tren

Título: El gran robo del tren.
Autor: Michael Crichton.
Genero: Novela histórica.
Saga: –.
Páginas: 288.
Fecha de publicación: 12 de mayo de 1975.
Sinopsis: “Esta novela de acción es una auténtica obra maestra del género. Ambientada en la època victoriana, el brumoso Londres finisecular sirve de telón de fondo para el robo más espectacular del siglo. Una vez al mes sale de Londres con destino a París un tren que transporta la paga del ejército británico que lucha en Crimea. Las dos cajas fuertes que la contienen son inviolables, y para abrirlas, se necesitan cuatro llaves distintas que están en poder de cuatro personas. Sin embargo, las cajas llegan vacias a París….”

“Después de haber chapoteado en una deliciosa orgía de sentimiento antifrancés, de condenar o aplaudir a los propios villanos, y de recrearse en las manías de los banqueros, los jefes de las empresas ferroviarias, los diplomáticos y la policía, el público estaba dispuesto ahora a devolver su confianza a la solidez esencial de los bancos, los ferrocarriles, el gobierno y la policía. En resumen, deseaba que atrapasen a los malhechores, y que lo hiciesen rápidamente.”

Hay momentos gloriosos en la literatura donde los autores se animan a hacer algo a lo que no nos tienen acostumbrados. En 1975 Michael Crichton era un hombre de 33 años que ya contaba con el abultado número de 13 novelas publicadas, pero de estas 13 sólo dos habían sido publicadas bajo su nombre real. Estas novelas habían hecho que como autor ganara fama por sus techno thrillers, un subgénero de la ciencia ficción que por un lado tenía descripciones muy exactas de los principios científicos además de tener una carga importante de acción. En este caso Crichton pega un giro inesperado y nos presenta una novela histórica, que sí tiene detalles muy específicos de cómo vivía la gente en esa época pero poco tiene que ver con sus otros libros.

Para entender El gran robo del tren es importante entender que este es un libro basado en hechos reales, puntualmente en el Gran Robo de Oro de 1855. Este fue un hecho donde un grupo organizado de cuatro ladrones explotó para robar tres cajas de monedas de oro de un tren en movimiento. Esto fue una hazaña increíble que impactó profundamente en la sociedad victoriana, puesto que en el momento estos trenes eran lo más puntero de la tecnología y a nadie se le ocurriría saltar cargando 100 Kg de oro de una de estas máquinas. Además de esto el robo del valor equivaldría, en valores actuales, a más de un millón de libras por lo que estamos hablando de un robo millonario que se realizó utilizando el conocimiento y la astucia de un grupo de ladrones.

La novela comienza poniéndonos en el contexto histórico. Estamos en plena Guerra de Crimea y el gobierno británico envía por tren una caja fuerte cargada de oro al frente para financiar los gastos del esfuerzo bélico. Nuestro protagonista, Edward Pierce, es un hombre que se da cuenta que estos envíos de dinero son constantes y predecibles por lo que si un grupo de ladrones decide estudiar estos movimientos puede crear un plan para robar este oro. Es por esto que decide reclutar a Robert Agar, un cerrajero que no solo será su cómplice sino que será el encargado de copiar las dos llaves que abren la caja fuerte.

Es con esta introducción que Crichton nos empieza a explicar con toda lógica el plan de Pierce y como a lo largo de un año el ladrón se las ingenia para crear una estrategia infalible. En 2021 quizás esta idea de un grupo de ladrones que se organiza para realizar un robo millonario ya está bastante gastada en la ficción. Esto también era así en 1975, cuando Crichton escribió el libro, porque si pensamos que la Ocean ‘s 11 original data de 1960 nuestro escritor llegó tarde. A pesar de esto esta idea de ladrones organizados para dar un golpe millonario era sumamente novedosa en la Inglaterra Victoriana de 1855 por eso el autor pone un esfuerzo magistral en reconstruir y hacernos entender esa época.

“El progreso era innegable, y para la mente victoriana se trataba de una superación moral y al mismo tiempo material. De acuerdo con Charles Kingsley, «el estado moral de una ciudad depende… de su estado físico; de los alimentos, el agua, el aire y la vivienda de sus habitantes. El progreso de las condiciones físicas conducía inevitablemente a la superación de los males sociales y la conducta criminal», los que serían eliminados tanto como se destruían a intervalos son los lugares sórdidos que albergaban a estos seres perversos y criminales. Parecía que el problema era sencillo: se trataba de anular la causa, y a su tiempo el efecto.”

El gran robo del tren es un libro de ladrones y de un robo millonario, pero también es un libro que busca describir la sociedad victoriana con sus luces y sombras. Lo más obvio está en la sinopsis, mientras gran parte de la población de la gigantesca Londres vivía en la pobreza y en la mugre, la corona gastaba una cantidad desorbitada de dinero para mantener una guerra en los Balcanes. A pesar de esto Crichton decide profundizar más y termina hablando de cosas tan dispares como los niños carteristas de las calles de Londres, el Crystal Palace construido para la exposición mundial de 1951 e incluso las enfermedades como la sífilis.

Es la sífilis la protagonista de uno de los capítulos que más me impactó de este libro. En un momento los ladrones descubren que uno de los portadores de las llaves siempre tiene su preciado tesoro en su ropa y es imposible usar carteristas para sacarla. Es por esto que mediante contactos se dan cuenta que este hombre está enfermo de sífilis y usarán esta enfermedad para manipularlo. Según las creencias de la época una de las curas de la enfermedad era tener relaciones sexuales con una jovencita virgen (en este caso una niña de 12 años). Esto es algo que a los ojos modernos es repugnante pero era una de las muchas costumbres terribles e hipócritas que abundaban en una sociedad hiper religiosa, y extremadamente molar, como la victoriana y creo que esto es uno de los puntos donde se puede verla crítica social de Crichton. Todo el mundo se escandaliza cuando un grupo de hombres roban 100 kilos de oro de un tren en movimiento, pero acostarse con una niña de 12 años (y en el proceso contagiarle una enfermedad como la sífilis) es algo socialmente aceptado.

Dejando de lado la crítica brutal que se hace sobre la sociedad victoriana, Crichton completa el grupo de ladrones con dos hombres y una mujer. Clean Willy, un ratero especializado en entrar y salir de lugares sin ser detectados. Barlow, un violento pandillero que trabaja directamente para Pierce. Y por último Miss Miriam, una actriz que será la encargada de distraer a los hombres en momentos clave del robo. Cada uno de estos personajes cumplen roles clave y hacen que la lectura sea sumamente divertida porque es solo con el uso combinado de sus habilidades que podrán robar el oro.

“En esa época la línea divisoria entre la actriz y la prostituta era sumamente delgada. Y por su propia profesión los actores se desplazaban constantemente, de modo que podían establecer vínculos con delincuentes, o ser delincuentes ellos mismos.”

Si bien este libro está basado en un robo real, los nombres de varios personajes están cambiados respecto a sus contrapartes históricas. Esto se hizo porque Crichton no quería estar atado a lo que realmente pasó y sobre todo quería hacer un libro divertido donde podamos aprender sobre la sociedad de la época, criticar algunas prácticas que hoy en día serían deplorables y ponernos en la piel de estas personas que realizaron un robo imposible. Esto, como con todos los libros de Crichton, hace que el límite entre la realidad y la ficción se disimule y en lo personal me resulta sumamente disfrutable porque dejo de pensar en lo que realmente pasó y terminó creyendo la ficción que nos cuenta el autor.

Reconozco que a pesar de que me gustó su lectura, Crichton tiende a irse por las ramas contando cosas que si bien fueron importantes para la época poco tienen que ver con lo que está pasando en la novela. En párrafos anteriores de esta novela mencioné el Crystal Palace, un edificio que demuestra los más grandes logros de la arquitectura victoriana. A pesar de esto, no cumple ningún rol dentro de la historia y Crichton gasta más de una página hablándonos sobre él. Esto hace que por momentos se pierda un poco el hilo de la historia y se vuelva una lectura un poco pesada, a pesar de esto la recomiendo porque cuando se habla del robo es un libro emocionante y muy pero muy disfrutable.

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